Basada
en el infame libro superventas escrito por Christina Crawford --las memorias
por antonomasia de una princesa de Hollywood--, los críticos tildaron a esta
inevitablemente fascinante producción de “over-the-top” y “kitsch” sin advertir
su verosimilitud y realismo. Faye Dunaway interpreta a una de las más grandes
estrellas de la historia del cine como lo que probablemente era, una mujer
desquiciada y peor madre, a quien el espectador tan pronto lamenta admitir en
semejantes trazos biográficos como se sorprende admirando al descubrir el
temple en la dureza e inclusive el amor en la crueldad. Diane Scarwid luce
hermosa y desamparada en el rol de la autora (en el clip, representada por la pequeña Mara Hobel).
martes, 18 de septiembre de 2012
domingo, 9 de septiembre de 2012
The Omen (1976)
¿Recuerda,
estimado lector, a aquel niñito monísimo que provocaba el espanto de las pobres jirafas y la rabia de unos monos ceñudos en el zoológico? ¿Ha olvidado, acaso,
la reacción virulenta y afiebrada de aquel mismo niño camino a la iglesia,
acompañado por sus padres Gregory Peck y Lee Remick? El film que consagró la
popularidad de la cifra más infame en la numerología, es una
secuencia casi ininterrumpida de escenas inolvidables, por supuesto. The Omen
llevó a un nivel superior la propuesta estilística de Roman Polanski en
Rosemary’s Baby (1968): la paranoia se aproxima, es ya, en la cinta dirigida por Richard
Donner tan absolutamente y de manera unívocamente peligrosa a una lúcida clarividencia,
que podría decirse el cuchillo
de cocina ha pasado de las manos de Rosemary a las nuestras.
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miércoles, 22 de agosto de 2012
La voie lactée (1969)
Ni
cinta de anticipación científica ni épica religiosa, La vía láctea es el
sendero enigmático a lo largo del cual uno de los genios de la cinematografía
mundial de todos los tiempos nos hace, más que testigos, partícipes de algunas
de sus obsesiones teológicas, sobre todo con respecto de la figura de Cristo,
cuya identidad aquí es objeto de un escrutinio ya en germen como la culminación
explosiva del sádico sketch que cierra la primera obra maestra buñueliana,
L’âge d’or (1930). Un guión de Jean-Claude Carrière que acumula apostasías, herejías y
datos históricos pertinentes, nos trae al recuerdo aquel tapiz inigualado a
propósito del tema que Umberto Eco crea en El nombre de la rosa; la vía de
Buñuel no es la épica o la historia, sino el discurso filosófico (sin la
tentación de la erudición ni mucho menos la pedantería): donde Eco sería un
cronista borgesiano, el aragonés se revela como un dramaturgo cervantino. Entre
su privilegiado dramatis personae, Michel Piccoli recupera a Sade o, con la precisión de la ambigüedad, Claudio Brook a Simón el estilita, en una road movie de a pie que
une Francia y España, el campo y la ciudad, la fe y la incertidumbre menos
oportuna a la mirada asimétrica lograda a navaja recién afilada y al oído
discriminante (acaso con aparatico de audición listo) del cinéfilo de humilde disposición.
martes, 7 de agosto de 2012
Boogie Woogie (2009)
El
arte como mercancía guía a las almas materialistas de esta
producción, a la cual un Robert Altman ciertamente podría haber extraído algún
valor estético y personal. Acaso propiamente superficial, lo que queda es una frustrante mirada sobre el intrincado mundillo de coleccionistas privados, dueños de galerías, artistas venales y
demás fauna londinense. El "Boogie Woogie" del título es obra de Mondrian y preciada
posesión de un anciano Christopher Lee, quien constituye la excepción a la
regla; completan el coro de lujo: Gillian Anderson, Danny
Huston, Alan Cumming, Stellan Skarsgard, Heather Graham y Amanda Seyfried, quien
ha heredado la tentadora figura de rollergirl pero no la sabia dirección de
P.T.A.
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domingo, 29 de julio de 2012
Subida al cielo (1952)
Durante
su mejor período, aquél hablado en su propio idioma con acento mexicano, Buñuel
no sólo hizo Los olvidados o Él, sino que también creó películas en apariencia
menores como El río y la muerte y (acaso) La hija del engaño, e incluso otras
en donde la anécdota es lo que cuenta y el surrealismo es más difuso sin dejar
de existir. Una de éstas, la cual nos ocupa, describe una situación familiar límite
en un pueblo de pobres granjeros: la anciana madre agoniza, y sus hijos mayores
ya se están disputando los bienes que ella tiene reservados a su pequeño
hermano menor, para quien aspira una vida profesional, ajena al analfabetismo y
la miseria. El tercero de los hijos, un muchacho de buena voluntad que acaba de
casarse, intentará ayudar a la anciana en su objetivo, pero el necesario viaje
en ómnibus encontrará muchos obstáculos y paradas, en particular ante las
curvas peligrosas de Lilia Prado, más arriesgadas que ninguna de la subida
montañosa del título.
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miércoles, 11 de julio de 2012
She-Wolf of London (1946)
Cuando Curt Siodmak pertrechó el primer borrador de lo que eventualmente sería estrenado como The Wolf Man (1941), no quedaba tan claro en la narrativa que la licantropía no pudiera ser una alucinación o los ramalazos de insania temporal del pobre protagonista. En la cinta que nos ocupa, una joven aristocrática, a punto de contraer matrimonio con un inteligente abogado, caerá en la red de intrigas originadas por una serie de asesinatos próximos a su residencia, espeluznantes muertes que ella atribuirá a una maldición heredada de sus padres.
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domingo, 1 de julio de 2012
Year of the Dragon (1985)
Escrita por Oliver Stone (sobre una novela de Robert
Daley) y dirigida con fervor pasional por Michael Cimino, Year of the Dragon
sigue siendo, como solían aseverar los comentaristas locales en mi época de
cinéfilo recién asumido, una de las mejores películas de los ochentas. Desde la
dinámica eficacia de la pantalla ancha hasta el versátil score de David
Mansfield y Lucia Hwong, pasando por la magnífica recreación de Chinatown y
demás escenarios pertinentes, esta épica, tensa, explosiva narración acerca de un
policía veterano de Vietnam en su imparable empresa para
exterminar las tríadas neoyorkinas no puede ser más provocadora y emocionante vista
hoy. John Lone, sobre todo, aquel excepcional actor chino descubierto por
Cimino, brinda aquí una de las interpretaciones más inolvidables y apasionantes
que se hayan plasmado de un gangster en el ecran: distante, aristocrático,
calculador, con la sangre fría y el ego por los cielos, bello como un arcángel
de la muerte, su Joey Tai es un demasiado encantador Michael Corleone oriental
enceguecido por una implacable ambición de poder y apoyado en una inteligencia
criminal brillante, sólo obnubilada por su rivalidad con Stanley White, un mítico Mickey
Rourke también de antología.
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