martes, 18 de septiembre de 2012

Mommie Dearest (1981)


Basada en el infame libro superventas escrito por Christina Crawford --las memorias por antonomasia de una princesa de Hollywood--, los críticos tildaron a esta inevitablemente fascinante producción de “over-the-top” y “kitsch” sin advertir su verosimilitud y realismo. Faye Dunaway interpreta a una de las más grandes estrellas de la historia del cine como lo que probablemente era, una mujer desquiciada y peor madre, a quien el espectador tan pronto lamenta admitir en semejantes trazos biográficos como se sorprende admirando al descubrir el temple en la dureza e inclusive el amor en la crueldad. Diane Scarwid luce hermosa y desamparada en el rol de la autora (en el clip, representada por la pequeña Mara Hobel).

domingo, 9 de septiembre de 2012

The Omen (1976)


¿Recuerda, estimado lector, a aquel niñito monísimo que provocaba el espanto de las pobres jirafas y la rabia de unos monos ceñudos en el zoológico? ¿Ha olvidado, acaso, la reacción virulenta y afiebrada de aquel mismo niño camino a la iglesia, acompañado por sus padres Gregory Peck y Lee Remick? El film que consagró la popularidad de la cifra más infame en la numerología, es una secuencia casi ininterrumpida de escenas inolvidables, por supuesto. The Omen llevó a un nivel superior la propuesta estilística de Roman Polanski en Rosemary’s Baby (1968): la paranoia se aproxima, es ya, en la cinta dirigida por Richard Donner tan absolutamente y de manera unívocamente peligrosa a una lúcida clarividencia, que podría decirse el cuchillo de cocina ha pasado de las manos de Rosemary a las nuestras.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La voie lactée (1969)


Ni cinta de anticipación científica ni épica religiosa, La vía láctea es el sendero enigmático a lo largo del cual uno de los genios de la cinematografía mundial de todos los tiempos nos hace, más que testigos, partícipes de algunas de sus obsesiones teológicas, sobre todo con respecto de la figura de Cristo, cuya identidad aquí es objeto de un escrutinio ya en germen como la culminación explosiva del sádico sketch que cierra la primera obra maestra buñueliana, L’âge d’or (1930). Un guión de Jean-Claude Carrière que acumula apostasías, herejías y datos históricos pertinentes, nos trae al recuerdo aquel tapiz inigualado a propósito del tema que Umberto Eco crea en El nombre de la rosa; la vía de Buñuel no es la épica o la historia, sino el discurso filosófico (sin la tentación de la erudición ni mucho menos la pedantería): donde Eco sería un cronista borgesiano, el aragonés se revela como un dramaturgo cervantino. Entre su privilegiado dramatis personae, Michel Piccoli recupera a Sade o, con la precisión de la ambigüedad, Claudio Brook a Simón el estilita, en una road movie de a pie que une Francia y España, el campo y la ciudad, la fe y la incertidumbre menos oportuna a la mirada asimétrica lograda a navaja recién afilada y al oído discriminante (acaso con aparatico de audición listo) del cinéfilo de humilde disposición.

martes, 7 de agosto de 2012

Boogie Woogie (2009)


El arte como mercancía guía a las almas materialistas de esta producción, a la cual un Robert Altman ciertamente podría haber extraído algún valor estético y personal. Acaso propiamente superficial, lo que queda es una frustrante mirada sobre el intrincado mundillo de coleccionistas privados, dueños de galerías, artistas venales y demás fauna londinense. El "Boogie Woogie" del título es obra de Mondrian y preciada posesión de un anciano Christopher Lee, quien constituye la excepción a la regla; completan el coro de lujo: Gillian Anderson, Danny Huston, Alan Cumming, Stellan Skarsgard, Heather Graham y Amanda Seyfried, quien ha heredado la tentadora figura de rollergirl pero no la sabia dirección de P.T.A.

domingo, 29 de julio de 2012

Subida al cielo (1952)


Durante su mejor período, aquél hablado en su propio idioma con acento mexicano, Buñuel no sólo hizo Los olvidados o Él, sino que también creó películas en apariencia menores como El río y la muerte y (acaso) La hija del engaño, e incluso otras en donde la anécdota es lo que cuenta y el surrealismo es más difuso sin dejar de existir. Una de éstas, la cual nos ocupa, describe una situación familiar límite en un pueblo de pobres granjeros: la anciana madre agoniza, y sus hijos mayores ya se están disputando los bienes que ella tiene reservados a su pequeño hermano menor, para quien aspira una vida profesional, ajena al analfabetismo y la miseria. El tercero de los hijos, un muchacho de buena voluntad que acaba de casarse, intentará ayudar a la anciana en su objetivo, pero el necesario viaje en ómnibus encontrará muchos obstáculos y paradas, en particular ante las curvas peligrosas de Lilia Prado, más arriesgadas que ninguna de la subida montañosa del título.


miércoles, 11 de julio de 2012

She-Wolf of London (1946)


Cuando Curt Siodmak pertrechó el primer borrador de lo que eventualmente sería estrenado como The Wolf Man (1941), no quedaba tan claro en la narrativa que la licantropía no pudiera ser una alucinación o los ramalazos de insania temporal del pobre protagonista. En la cinta que nos ocupa, una joven aristocrática, a punto de contraer matrimonio con un inteligente abogado, caerá en la red de intrigas originadas por una serie de asesinatos próximos a su residencia, espeluznantes muertes que ella atribuirá a una maldición heredada de sus padres. 

domingo, 1 de julio de 2012

Year of the Dragon (1985)


Escrita por Oliver Stone (sobre una novela de Robert Daley) y dirigida con fervor pasional por Michael Cimino, Year of the Dragon sigue siendo, como solían aseverar los comentaristas locales en mi época de cinéfilo recién asumido, una de las mejores películas de los ochentas. Desde la dinámica eficacia de la pantalla ancha hasta el versátil score de David Mansfield y Lucia Hwong, pasando por la magnífica recreación de Chinatown y demás escenarios pertinentes, esta épica, tensa, explosiva narración acerca de un policía veterano de Vietnam en su imparable empresa para exterminar las tríadas neoyorkinas no puede ser más provocadora y emocionante vista hoy. John Lone, sobre todo, aquel excepcional actor chino descubierto por Cimino, brinda aquí una de las interpretaciones más inolvidables y apasionantes que se hayan plasmado de un gangster en el ecran: distante, aristocrático, calculador, con la sangre fría y el ego por los cielos, bello como un arcángel de la muerte, su Joey Tai es un demasiado encantador Michael Corleone oriental enceguecido por una implacable ambición de poder y apoyado en una inteligencia criminal brillante, sólo obnubilada por su rivalidad con Stanley White, un mítico Mickey Rourke también de antología.