Forrest Gump, el mágico personaje titular que valió a Tom Hanks su consecutivo Oscar al Mejor Actor, representa a esa galería tradicional, significativa de héroes casi inconscientes y finalmente americanos que también incluye a tipos con más músculo que inteligencia como Rocky Balboa y Terry Malloy, pero más próximamente a los caprianos Longfellow Deeds y Jefferson Smith. Forrest Gump es una conmemoración histórica y una celebración individual: la de un pequeño y vulnerable huérfano que enseña a bailar a Elvis, y años después sorprende con su candidez a JFK gracias a la creatividad de los FX; una historia de amor y de amistad, y una fábula sobre el destino y sus veleidades. Posee encanto y cierta belleza, y una notable interpretación de su estrella. Robert Zemeckis dirige con humor y ternura, además de melodía y ritmo. No puedo terminar esta nota sin destacar muy especialmente el score de Alan Silvestri y el rol de un conmovedor Gary Sinise, ambos fundamentales para el éxito de la película.
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jueves, 12 de enero de 2012
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