Escrita por Oliver Stone (sobre una novela de Robert
Daley) y dirigida con fervor pasional por Michael Cimino, Year of the Dragon
sigue siendo, como solían aseverar los comentaristas locales en mi época de
cinéfilo recién asumido, una de las mejores películas de los ochentas. Desde la
dinámica eficacia de la pantalla ancha hasta el versátil score de David
Mansfield y Lucia Hwong, pasando por la magnífica recreación de Chinatown y
demás escenarios pertinentes, esta épica, tensa, explosiva narración acerca de un
policía veterano de Vietnam en su imparable empresa para
exterminar las tríadas neoyorkinas no puede ser más provocadora y emocionante vista
hoy. John Lone, sobre todo, aquel excepcional actor chino descubierto por
Cimino, brinda aquí una de las interpretaciones más inolvidables y apasionantes
que se hayan plasmado de un gangster en el ecran: distante, aristocrático,
calculador, con la sangre fría y el ego por los cielos, bello como un arcángel
de la muerte, su Joey Tai es un demasiado encantador Michael Corleone oriental
enceguecido por una implacable ambición de poder y apoyado en una inteligencia
criminal brillante, sólo obnubilada por su rivalidad con Stanley White, un mítico Mickey
Rourke también de antología.
Mostrando entradas con la etiqueta michael cimino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta michael cimino. Mostrar todas las entradas
domingo, 1 de julio de 2012
viernes, 30 de diciembre de 2011
Desperate Hours (1990)
La historia de una banda criminal que se hospeda al azar en un típico hogar de clase media en la América suburbana de la posguerra fue filmada inicialmente por el maestro William Wyler y protagonizada por Humphrey Bogart en 1955. Esta segunda producción, también escrita por el autor de la novela y el drama teatral, fue dirigida por Michael Cimino después de la debacle que supuso la portentosamente poética Heaven's Gate en 1980 y su consagración al cine de culto gracias a la controvertida y genialmente violenta Year of the Dragon de 1985. Se trata, pues, de un filme especial por varios motivos. A diferencia del clásico original, exige del espectador cierta disposición del ánimo para apreciar con agudeza, si no con objetividad, lo que hay más allá de sus errores. Puedo asegurar que vale la pena, habiéndolo revisitado por primera vez después de muchos años hace algún tiempo y quedado desilusionado, y acabando ahora de darle una última oportunidad bastante gratificante. De todos modos lejos de ser la gran película que algunos aficionados imaginamos, y manteniendo un bajo nivel de calidad en cierto sentido innegable, se trata de una obra atractiva precisamente en lo que tiene de intensamente singular y ardua. Junto a escenas penosamente ridículas como la de la ejecución del personaje de David Morse, la cual en este último visionado no me pareció tal, se encuentran secuencias siempre tan prestas y fascinantes como la que introduce la narración, en la cual una sensacional, rubia, lúbrica Kelly Lynch --femme fatale injustamente olvidada donde las haya-- acude al rescate de su amante y defendido Mickey Rourke, en un rapto de pasión salvaje y suicida plasmado con la bravura y crudeza de la ficción pulp y un naturalismo ingenuo no menos genuino e inolvidable.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

