Mostrando entradas con la etiqueta cantinflas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cantinflas. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de agosto de 2013

El bombero atómico (1952)

 ♪ María Cristina me quiere gobernar... ♫

Aprovechando la herencia universal de Chaplin --para quien Cantinflas era el mayor cómico del mundo-- y, por tanto, de Dickens, la superestrella mexicana filmó este convencional, minucioso, peculiar trozo de artesanía industrial. No obstante, el arte del actor brilla en determinados instantes, aunque Carlos Monsiváis no estuviese de acuerdo con nuestra declaración. Sobre una idea del propio Mario Moreno, la película se inicia como una variación de la dickensiana The Kid (1921), para poco después, y de manera algo abrupta e inesperada, transformar al improvisado valiente del título en el ya casi legendario Patrullero 777, azote del hampa menos escrupulosa del Distrito Federal. La escena más virtuosa, sin embargo, es acaso aquélla en la cual un Cantinflas disfrazado de avezado matón se pone a bailar con una guapa chica de gánster: no es que la destreza física del bufo haya envejecido mejor que su disparate verbal, pero, al menos, en esta película sí que resiste la comparación.

domingo, 18 de noviembre de 2012

¡Así es mi tierra! (1937)


La historia anecdótica de un general de la revolución mexicana que vuelve a su añorado terruño sirve de pretexto para el lucimiento de un Cantinflas en aparente rol secundario; en realidad, se trata del debut, si no de su talento, de sus malabares verbales. Y aunque los títulos de crédito son interminables --al menos en la restaurada versión española que tuve ocasión de visitar--, la trama resulta deshilachada y tópica, y hay una prescindible secuencia de toreo “bufo” que le restó demasiada simpatía al por otra parte muy simpático Cantinflas (que aquí es un peón de rancho y se llama Tejón), la nacionalista cinta gira naturalmente en torno a un importante comediante en su mejor época --la primera, a blanco y negro--, y el espectador tiene la oportunidad de comprobarlo a través de instantes genuinos e inimitables.